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07/03/2007

American History X. Tony Kaye, 1998.

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Derek Vinyard era un joven neonazi que, tras el asesinado de dos jóvenes de raza negra, debe cumplir condena. Durante los años de prisión, su banda y, sobre todo, su hermano pequeño Danny, han estado esperándole con impaciencia. Pero la cárcel ha cambiado a Derek; ahora comprende sus errores y tiene que cambiar a la gente a la que ama y que se ha perdido en el odio. Ante esta nueva situación Danny, que idealizaba a su hermano y lo que este representaba, se encuentra confuso y Derek intenta hacerle ver que el nazismo, el odio y la violencia racial son actitudes equivocadas. 

American History X parece tener tres objetivos principales. En primer lugar permite comprender el fenómeno del neonazismo, tanto las raíces históricas del movimiento como su forma actual en nuestra sociedad. 

Pero además de esto, también podemos entender de qué manera la mentalidad individual puede llegar a estar condicionada por el orden social y familiar en qué se inscriben. A este respecto es reveladora el siguiente comentario de David McKenna, guionista de la película: "Quería escribir alguna cosa respecto a los mercaderes del odio. Lo que intenté destacar en el guión es que las personas no nacen racistas. Este sentimiento se adquiere a través del entorno y de las personas que nos rodean. Lo que me intrigó es porqué la gente odia y cómo podemos cambiar tanto". 

Por último, esta película también permite comprender el proceso de degradación moral a qué nos somete el discurso ideológico del odio y del racismo. 

En cuanto a los recursos narrativos, American History X nos presenta dos historias que se explican mutuamente. Una de ellas pertenece al pasado, la otra al presente, y las dos están física y metafóricamente separadas por el muro de la prisión en la que estuvo Derek. Hasta entonces, todo, en la vida de Derek, había pasado por el filtro del nazismo. En prisión, Derek aprendió a rechazar todo aquello que le condujo a cometer el crimen: el odio racial, como explicación de los conflictos, y la violencia, como método para solucionarlos.

Uno de los aciertos de la película consiste en partir de la supuesta propuesta de redacción escolar que Sweeney, el profesor de literatura, hace a Danny, ofreciendo así una solución basada en la reflexión y la libre expresión. De hecho, ciertas partes de la película se explican con la voz en off de Danny, como si estuviese delante del ordenador redactando su trabajo; este recurso además sirve para enlazar el presente con ciertas secuencias de flashback.  

La película está llena de detalles significativos, por ejemplo el hecho de que el punto de inflexión en la actitud de Derek venga dado precisamente por su relación con dos hombres de color (su viejo profesor de literatura y su compañero de la lavandería de la cárcel);  otro gran acierto ha sido el utilizar el color para las escenas encuadradas en el presente, y el blanco/negro para los continuos flashbacks (este recurso estético tiene su explicación en que Tony Kaye, el director, de la película, es también fotógrafo); otro aspecto destacable es la ralentización de las imágenes en ciertas secuencias.  

Finalmente, se debe destacar el tremendo trabajo de Edward Norton, en una de sus mejores interpretaciones. Norton, transformación física aparte (aumentó 15 kilos su masa muscular y se rapó el pelo para dar mayor verosimilitud al aspecto físico de su personaje), aporta con su mirada el odio necesario (al principio) y una justa serenidad (más adelante). Además el protagonista no es un descerebrado, sino alguien capaz de justificar sus creencias, y capaz de sentirlas tambalear luego. American history X es una contundente crítica al absurdo de la xenofobia, narrada con un admirable estilo. Pero también revela, en un final tremendamente duro, que no es tan fácil aparcar el pasado y, sobre todo, la importancia que tiene la educación para intentar solucionar este problema. 

Enlazando con esta idea, me gustaría terminar este comentario con una frase que Danny, casi al final de la película, dirige al profesor Sweeney: “Son las 5’40 de la mañana y dentro de un minuto voy a ver salir el sol. Cuando creía que sólo había oscuridad, todo vuelve a empezar. No sé si este trabajo es lo que usted quería, pero muchas gracias”.

07/03/2007 09:19 Autor: Adriana Carriles. Enlace permanente. Tema: Drama No hay comentarios. Comentar.

23/03/2007

New York

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Como algunos de mis lectores ya sabían, estuve unos días en Nueva York, participando en el desfile de San Patricio. Y para muestra un botón: la foto que ilustra el post de hoy la hice mientras desfilábamos por la célebre 5ª avenida, en medio de los gritos y aplausos del público asistente... y la fuerte nevada caída el día anterior!.

Este viaje fue la razón de que esta semana no hubiera actualizado mi blog, pero tranquilos! En honor de la "ciudad que nunca duerme", comentaré algunas de las películas que Woody Allen dedicó a su adorada Manhattan. Pero, como no sólo de "grandes manzanas" vive el hombre, también prepararé un post especial sobre pifias y gazapos en Hollywood. Os aseguro que os vais a reir!

Nos leémos pronto!

23/03/2007 15:12 Autor: Adriana Carriles. Enlace permanente. Tema: Noticias No hay comentarios. Comentar.

28/03/2007

Errores de Raccord

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Inaugurando la sección de “Pifias y Gazapos de Hollywood” tenemos una variada selección de errores de raccord. Pero... ¿Qué es el raccord?

 El raccord es la continuidad que deben mantener entre sí los distintos planos de una película. En un rodaje hay que estar atento a mil detalles de rac­cord: el peinado de los actores, las manchas de su camisa, el color de la corbata, la posición de la vajilla sobre una mesa... incluso, la cantidad de bebida que hay en cada vaso. Y cada vez que se repite una toma, hay que vigilar que todo vuelva a estar como al principio. Y si no estamos atentos, podemos caer en un error de continuidad: un fallo de raccord. Por supuesto, controlar tantos pequeños detalles no es fácil, por eso los fallos de raccord son el tipo de pifia más habitual en las películas. 

Ni siquiera los grandes maestros están libres de cometer estos errores. Así, por ejemplo, el mismísimo Alfred Hitchcock en Crimen perfec­to (1954). 

El argumento: un asesino contratado por Ray Milland intenta estrangular a su esposa, (interpretada por Grace Kelly). En la lucha, la desesperada Kelly encuentra unas tijeras y se las clava en la espalda. El asesino cae muerto... pero si vemos esta escena detenidamente, descubrimos que el famoso crimen es una chapuza. En primer lugar, Grace Kelly le clava las tijeras sin fuerza, con la muñeca doblada. Y sin embargo, en el plano siguiente las tijeras aparecen empotra­das varios centímetros en la espalda del hombre. Pero hay más. El asesino ya tiene las tijeras en su espalda, an­tes de que ella se las clave. No sabemos quién es más torpe: si Hitchcock por filmar así la escena... o el asesino, por equivocarse de oficio.

 Algo que suele dar muchos problemas es la ropa. Por ejemplo, Billy Wilder y su comedia En Bandeja de plata (1966).  Al poco de comenzar el rodaje, el actor Walter Matthau sufrió un ataque al corazón. 5 meses después, volvió para terminar las escenas que había dejado incompletas. O mejor dicho, volvió sólo parte de él... porque durante su estancia en el hospital había adelgazado 20 kilos! Una diferencia que se aprecia en la película y que hace que el personaje de Walter Matthau aparezca tan pronto gordo como delgado... 

Incluso Clint EastWood mete la pata. En Cometieron dos errores (1968) Clint se baja de su caballo en medio de un río y se moja los pantalones, dirigiéndose a la orilla para hablar con otros va­queros. Cuando sale del agua, aún tiene los pantalones húmedos. Pero con el primer cambio de plano, ¡los pantalones están secos de repente!  

Seguimos con Clint Eastwood y El jinete pálido (1985), un filme ya comentado en este blog. Aquí el gazapo lo comete el ac­tor Michael Moriarty, el minero en cuya ayuda acude el misterioso predicador interpretado por Clint. Los dos se acercan al poblado en carromato, y como el pobre Moriarty se ha enfrentado antes con los malos, lleva la mano izquierda vendada. No pasa nada: con Clint Eastwood al lado, cualquier he­rida sana enseguida. En el plano siguiente, el vendaje del se­ñor Moriarty ha desaparecido. Alabado sea Clint.

Y para terminar, un pequeño anacronismo. En una escena de El club de los poetas muertos (1990) Robin Williams se pone a imitar a personajes famosos, entre ellos, Vito Cor­leone (el personaje principal de “El padrino”, encarnado por Marlon Brando). La verdad es que la imitación de Robin Williams es muy buena... pero “El Padrino” se estrenó en 1972, mientras que la historia narrada en “El club de los poe­tas muertos” transcurre en los años 50, y por la tanto esta imitación está fuera de contexto.   

Claro que, para hablar de anacronismos y errores históricos, el mejor ejemplo es Gladiator (Ridley Scott, 2000). Acumula tantos y tan gordos, que ella sola podría ser la protagonista de nuestro siguiente post sobre “Pifias y gazapos”...

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