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19/02/2007

UMBERTO D. Vittorio de Sica, 1952

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Umberto es viejo. No tiene hijos ni familia alguna. Está solo. Triste. La pensión ya no le alcanza para vivir. Su hogar es un mustio cuarto que alquila desde hace veinte años en una casona, cuya dueña ahora amenaza con dejarlo en la calle si no paga la renta adeudada. Desesperado, trata de vender su reloj, sus pocos y preciados libros, su maletín… ya nada le queda, salvo la compañía de su pequeño perro, y el afecto sincero de Maria, la jovencísima asistenta de la pensión. ¿Cómo preservar la dignidad en un contexto tan denigrante? 

Umberto D es una de las películas más representativas del Neorrealismo, movimiento cinematográfico que surgió en Italia al término de la II Guerra Mundial.
 
La principal característica del Neorrealismo es que representa la vida de cada día, a mitad de camino entre relato y documental, muchas veces con personas reales en lugar de actores profesionales.
Sin ir más lejos, quien encarna al protagonista de Umberto D es Carlo Battisti, un profesor de filosofía de 70 años a quien De Sica conoció por azar al asistir a una conferencia en Roma. Aunque para Battisti no fue nada fácil recordar las líneas de diálogo durante el rodaje, lo cierto es que su Umberto es hoy una de las creaciones más entrañables del cine italiano. 

Otro rasgo sobresaliente del Neorrealismo es el lúcido análisis de los hechos, con una crítica abierta a la crueldad o a la indiferencia de la autoridad constituida. Con una puesta en escena increíblemente sobria, Umberto D es un homenaje a toda una generación marcada por una sociedad que aún curaba sus heridas de guerra. Es la vida de un hombre, pero que se erige en arquetipo de la soledad, la falta de recursos y la tremenda ausencia de solidaridad e indiferencia de los demás. La película cuenta todo esto a través de las cosas más insignificantes y cotidianas y eso es precisamente su valor: no se cuenta nada excepcional, sino el día a día de este hombre. Es la forma más rotunda de denunciar algo pese a que no lo parezca. 

La película está repleta de detalles sutiles pero esclarecedores, empezando por el propio Umberto, que aprovecha cualquier situación para mostrar orgulloso su reloj como teórica prueba de no tener problemas económicos. O la actitud de sus amigos, que le rehuyen en cuanto intuyen la petición de ayuda. También resulta estremecedora la secuencia en la que Umberto simula estar enfermo para poder ingresar unos días en el hospital y así poder comer. El desalojo final recibido de su casera lo postra en el abatimiento más profundo. Al no ver otra solución, Umberto decide suicidarse arrojándose al paso de un tren. Pero Flik, asustado por el ruido, se zafa de sus brazos y escapa. Arrepentido por ello, Umberto da media vuelta para buscarle y reconciliarse con él. 

Umberto D es un retrato de los miles de Umbertos D que hay aún en el mundo. De todos aquellos que al final, cuando ya no son “útiles”, se les olvida y se les da la espalda. Esta película hace reparar en la enorme necesidad que tiene el ser humano de recibir, pero sobre todo de dar un poco más de si mismo.

La secuencia final, Umberto alejándose con su perro por el camino (en un guiño a la famosa imagen del entrañable vagabundo de Charlot) lanza, al menos, un mensaje esperanzador: el creer que habrá un mejor mañana da fuerzas para seguir adelante.

19/02/2007 14:14 Autor: cineblog. Enlace permanente. Tema: Cine y Vanguardias No hay comentarios. Comentar.

El beso. Thomas Edison. 1896

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Se trata de una de las primeras secuencias grabadas por el célebre inventor Thomas Edison. En ella, los actores John Rise y Mary Irving, reproducen ante la cámara una escena (en realidad, un fugaz y casto beso) de la obra de Broadway “La viuda Jones”. 

Hoy día ya no se duda de la escasa intervención de Edison en el cine, y tan sólo se le atribuyen algunas ideas periféricas como el hacer 4 orificios por fotograma en la cinta de celuloide, facilitando así el arrastre de la película. 

El mérito de Edison en realidad fue ser uno de los pioneros en “ver” la futura industria cinematográfica. Para ello se asoció con Dickson, un brillante inventor que ya había experimentado con la fotografía y la grabación del sonido. La colaboración de ambos permitió desarrollar el kinetógrafo y el kinetospio.

El kinetógrafo era una cámara impulsada por un motor eléctrico, y el kinetoscopio sólo un visor para la contemplación individual, ya que Edison consideró que así tendría más valor comercial (el tiempo demostraría luego que en esto se equivocó...).  Las cintas grabadas por este sistema apenas rebasaban el medio minuto y solían mostrar recreaciones de sucesos históricos, números de magia, musicales... O copias de escenas teatrales como el caso de “El beso”.

La escena está muy preparada: los actores están dispuestos sobre un fondo oscuro y neutro, no hay ningún intento de dar profundidad, ni siquiera decorado. Y es que, a  diferencia de los hermanos Lumière, Dickson y Edison preferían imágenes más cercanas... Lumière captaba la realidad, Edison y Dickson una ficción elaborada. 

La proyección individual en kinetoscopio de “El beso” no supuso problemas, pero la posterior versión en pantalla grande para grandes afluencias de público, supuso un escándalo de moralidad en la hipócrita sociedad estadounidense.

19/02/2007 14:16 Autor: cineblog. Enlace permanente. Tema: Orígenes No hay comentarios. Comentar.

28/02/2007

Banderas de nuestros padres vs Cartas desde Iwo Jima

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Hoy tenemos un duelo muy especial: dos películas de plena actualidad, dos puntos de vista de la misma batalla, y ambas dirigidas por Clint Eastwood. Pero... ¿Cuál es mejor? 

El valor estratégico de la pequeña isla de Iwo Jima provocó la batalla más cruenta de la II Guerra Mundial en el Pacífico, en la que fallecieron más de 20.000 japoneses y 7.000 estadounidenses. “Banderas de nuestros padres” narra la batalla desde la perspectiva norteamericana; “Cartas desde Iwo Jima” se centra en la resistencia nipona, organizada por el gran estratega Kuribayashi. Ninguna de las dos es una película bélica, sino justo lo contrario. La guerra es algo horrendo de lo que nadie podría sentirse orgulloso. 

“Banderas...” es, en realidad, una historia sobre antihéroes contada en clave épica. "Las guerras se ganan o se pierden con una foto". La manipulación del gobierno arrastra a un país a una guerra, convertida en negocio, y a varios hombres en marionetas desprovistas de voluntad. Y es que los héroes no existen, los creamos porque los necesitamos. Eastwood conmueve mostrándonos la caducidad de los héroes que, así como suben, bajan y se pierden en la nada.  

El uso de los continuos flashbacks es magistral, y resulta más que acertado reservar las escenas de concentración y miedo para la noche anterior al desembarco. Ni que decir tiene que en la coherente construcción de los personajes se ve la factura de Clint Eastwood. Pero no es una gran película. No lo es precisamente porque a veces no parece de él. Ese es el problema. Es algo que resulta demasiado evidente en la escena del desembarco; alguien debería explicarle al señor Spielberg que aportar dinero no da derecho a inmiscuirse en la producción... 

Desde hace algunos años, las expectativas que genera una película firmada por Clint Eastwood son altísimas (y no es para menos). Sin embargo, “Banderas...” deja un poso de decepción. Si la hubiera rodado otro director podríamos decir que se trata de una película más que notable. Pero de Clint Eastwood se espera siempre más. Se esperaba “Cartas desde Iwo Jima” 

Hay que decir que es una película radicalmente distinta a “Banderas…” en concepción, ritmo, etc. "Cartas..." apenas contiene escenas de acción pues la trama se centra en las personas, en los sentimientos de esos soldados que se sabían perdidos de antemano y aún así no se rindieron. 

Desde mi punto de vista "Cartas..." es un soberbio trabajo cinematográfico donde se mezcla poesía con realismo cruento. Es una película intensa, terrible, abrasadora en sus emociones, pero envuelta en un tono que roza el lirismo en muchas escenas. Las cartas que los soldados envían a sus familias es su único consuelo, su salida, su libración del drama que tienen a unos cuantos pasos. 

Es impresionante la capacidad de Eastwood para comprender a los perdedores, a aquellos que siguen luchando cuando la vida se les pone cuesta arriba. 

Esta si es una obra de Eastwood. Se aprecia en el cuidado por los detalles, en el manejo de la cámara, en la espléndida música (compuesta por el hijo de Clint), en la asombrosa fotografía de Tom Stern. Pero el punto fuertes es el guión, robusto, sin fisuras, más elaborado que el de “Banderas...”.  

Las actuaciones superan con creces a su predecesora. Destaca, sobre todo, el fantástico Ken Watanabe; su General Kuribayashi pasará a la Historia del Cine por su carisma. Pero también merece unas líneas el joven Kazunari Ninomiya. Juntos protagonizan, casi al final, una de las escenas más impactantes de la película, de esas que te atrapan el corazón y no lo sueltan. 

“Cartas...” es una obra de arte que resuena en la mente y el corazón días después de su visionado, como un duro y emotivo testimonio de la inutilidad y crueldad de todas las guerras, que no deben ser recordadas por los ganadores, sino por los que perecieron en ellas. 

”Cartas desde Iwo Jima” es, junto a "Senderos de gloria" de Stanley Kubrick, el mayor y más bello alegato antibelicista de la historia del cine.  Si hubiera justicia en los Oscar, Eastwood habría vuelto a levantar una estatuilla.

28/02/2007 22:48 Autor: cineblog. Enlace permanente. Tema: Duelo Hay 1 comentario.
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