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05/12/2007
El tiempo en sus manos (La máquina del tiempo). George Pal, 1960

Inglaterra, nochevieja de 1880. Un joven científico finaliza la construcción de un vehículo que le permite viajar a través del tiempo. Poco después, inicia un alucinante viaje hacia el futuro, siendo testigo de la II Guerra Mundial y del holocausto atómico de 1966, del que sale ileso. Su último destino es un paradisíaco lugar del año 802701, donde comenzará a reconstruir la civilización.
Producida y dirigida por un amante de la literatura de H.G.Wells, el húngaro George Pal, "El tiempo en sus manos" es todo un clásico de la ciencia-ficción con el que han disfrutado ya varias generaciones. El guión no saca todo el partido a la obra de Wells, y aunque está bastante fielmente adaptado no se debe olvidar que la película busca sobre todo el entretenimiento más que la reflexión filosófica.
Los efectos especiales de “El tiempo en sus manos” están muy bien conseguidos en líneas generales para la época (incluso ganó el Oscar por ello); adoleciendo ligeramente en el bombardeo de Londres, pero brillando especialmente en la elaboración de decorados y en la ralentización o aceleración del sol y del maniquí a través del tiempo.
Una muy buena fotografía de Paul Vogel, que había trabajado con gente del nivel de John Ford en la extraordinaria "Escrito bajo el sol". Merece atención también la iluminación, sencilla y efectiva; unos diálogos con toques de socarronería a ratos; y la acertada selección de actores, empezando por Rod Taylor. El tiempo es otro elemento básico en el desarrollo de la historia, una historia narrada mediante un largo flash-back con una tensión creciente. Aunque "El tiempo en sus manos" tenga ese aire de serie B, es una película altamente recomendable y de agradable visionado para todas las edades.
Y la pregunta final, especialmente dirigida a los beceros: ¿Y tú, qué tres libros te llevarías?
11/12/2007
Pifias con historia: Gladiator (Ridley Scott, 2000)

Pocas películas de argumento histórico tienen tantos gazapos como la famosa Gladiator… Para empezar, veamos este diálogo entre el personaje de Russel Crowe y uno de sus soldados:
- General Máximo: “¿Cuánto hace que partió?”
- Soldado: “Unas dos horas”
¡Asombrosa precisión! Sobre todo teniendo en cuenta que los romanos no medían el tiempo en horas y minutos! Es más, ni siquiera conocían estos conceptos; para ellos, la jornada se dividía en fracciones de día.
Claro que este detalle es un gazapillo comparado con lo que viene a continuación: el General Máximo pasea por el campamento pasando revista a sus tropas, que incluyen un hombre… en pantalones vaqueros! Se ve que el equipo técnico de esta película andaba un poco despistado, porque más adelante volvieron a cometer el mismo error: en uno de los combates en el Coliseo podemos ver a otro “currante” arrodillado en una de las cuadrigas (cuadrigas en las que, por cierto, se pueden ver unas sospechosas botellas de aire comprimido). Para ser más exactos, aparece en la escena en la que cortan a la mitad a una luchadora. Esto último es otro error histórico en si mismo: en la roma imperial las mujeres no podían entrar en el circo, ni como público ni, mucho menos, como gladiadoras!
Claro que en Gladiator una pifia más o menos tampoco importa mucho. Total, ni Marco Aurelio fue asesinado por su hijo, ni el emperador Cómodo murió en la arena del circo, ni se puede cabalgar de Alemania hasta España en un par de días…
18/12/2007
La comedia del Screwball

En uno de los primeros post de este blog (enero de 2006) hablé de la comedia durante el cine mudo o comedia slapstick; ahora veremos brevemente cómo evolucionó la comedia con la llegada del cine sonoro.
Y es que en los años 30 la comedia adoptó formas muy originales que van desde la crítica bienintenciona de Frank Capra hasta el elaborado refinamiento cómico de Cukor o el humor ácido y corrosivo de los hermanos Marx. La comedia supone una forma de evasión, un alejamiento de una realidad incómoda (el famoso crack bursátil de 1929 y la “gran depresión”). La nueva forma de hacer comedia a partir de estos años es lo que recibe el nombre de comedia americana, comedia de enredo o comedia screwball.
Screwball hace referencia en el argot del béisbol a una pelota que toma una dirección inesperada y de diferente intención a la que se quería al lanzar. Luego el nombre se aplica a los locos y excéntricos individuos de este tipo de comedias. Su comportamiento, sobre todo el de las chicas, encaja con el término de comedia chiflada o comedia de enredo matrimonial. Comienza a gestarse en 1936 con el personaje de Carol Lombard en “Al servicio de las damas” dirigida por Gregory la Cava: un mayordomo, antes vagabundo, rescatado por una excéntrica y rica familia, resulta ser un rico hombre de negocios que, asqueado por esa vida, la abandona.
Los personajes suelen basarse en arquetipos modernizados, generalmente heroínas pobres que enamoran a ricos, o a la inversa; equívocos de identidad o incluso usurpación. La pobreza es noble, el dinero no da la felicidad, es usado como recurso cómico. Lo novedoso es el tratamiento, más inteligente y sofisticado en los diálogos, actuación diferente permitiendo mayor libertad en el gesto y sobre todo una enorme velocidad en el desarrollo de los personajes. Suelen combinar locura y extravagancias, más violencia cómica de la comedia slapstick.
Características generales:
- diálogos enloquecidos, veloces, que se superponen
- amor loco pero en el fondo convencional (se busca el amor a través de la lucha de sexos y suele haber finales felices)
- guerra de sexos, señalando el ascenso social de la mujer y su mayor independencia hasta el punto de poder llevar el peso argumental
- personajes extremos: pobres o ricos
- siempre buen gusto, cierta sofisticación
- ambientes con situaciones absurdas y reacciones irracionales e infantiles.
- dinamismo del slapstick y recurso de gags visuales
- cierta vena de rebeldía pero se tiende a la gratificación del espectador.

