Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006.
Dolls. Takeshi Kitano, 2002

Sawako y Matsumoto eran una pareja feliz, pero los egoísmos de sus padres truncarán sus vidas. Hiro es un anciano jefe yakuza, quien años atrás abandonó a su novia para perseguir sus sueños de prosperar; ahora vuelve al parque donde ambos se encontraban. Haruna, antes una estrella de la canción, pasa el día contemplando el mar tras un accidente de coche; su más devoto fan, Nukui, se dispone a demostrarle que no la ha olvidado.
Tres historias de amor y dolor, contadas desde la introspección y el silencio. El amor no es bello y perfecto, el amor puede resultar amargo tras mancharse con los errores del pasado. El amor duele, pero mostrar lágrimas no es estrictamente necesario, cuando la tristeza es suficientemente profunda te puedes asomar a ella desde una simple mirada o un silencio. Eso es lo que nos enseña Kitano en esta película.
Gracias a Dolls, me he reconciliado con Kitano. En ella Kitano se aleja de la violencia que le ha hecho famoso, optando por un tono lírico y sosegado que le acerca al clasicismo nipón tan soberbiamente representado por Ozu, Mizoguchi o Kurosawa. Es evidente que Kitano conoce bien estos precedentes aunque no llegue a su perfección. La película posee un delicado y bello acabado formal, con una fotografía excelente.
Dolls es un desafío al círculo cromático: el color es más que una simple cuestión de ambientación, es un vehículo para la libre expresión de la lírica. No en vano, la pintura japonesa siempre ha pretendido deleitar mediante imágenes hermosas, aquellas que se dirigen a los sentidos más que a la razón. Y el tema de las estaciones del año es una constante en la historia del arte nipón.
El tiempo narrativo de la película, pausado y tan acorde con el paisaje congelado, y la banda sonora, contribuyen a reforzar su serenidad. El final de esta fábula visual deja un poso de dulce amargura difícil de explicar.
Grita libertad. Richard Attenborough, 1987

La historia de amistad incondicional entre un periodista blanco y el activista y carismático líder del movimiento negro Steve Biko. Decidido a no permitir que se silenciara el mensaje de Biko, el periodista se embarca en un peligroso viaje para escapar de Sudáfrica y contar al mundo el extraordinario valor de Biko.
En 1976 durante una manifestación de estudiantes de color, que protestaban por el deficitario sistema educativo, irrumpió la policía, causando más de 700 muertes. En 1977 aún continuaba el desasosiego por las medidas represivas de policía y gobierno, que terminaron en septiembre cuando Stephen Biko, fundador del movimiento “Conciencia Negra”, murió por haber sido objeto de malos tratos por parte de la policía.
Grita libertad es una película valiente, necesaria en su momento cuando el apartheid seguía sumiendo a Sudáfrica en el racismo. Los nombres finales de todos los detenidos y las "explicaciones oficiales" son un homenaje a estos héroes.
El siguiente diálogo, extraído de la película, ilustra, en tono cómico pero muy claro, el absurdo de las diferencias raciales:
- Juez: ¿Por qué se hacen llamar "negros"? Parecen más marrones que negros.
- Steve Biko: ¿Por qué ustedes se hacen llamar blancos?. Parecen más rosados que blancos.
La teoría del montaje de Sergei Eisenstein

Ya he comentado un par de películas de este gran cineasta y sin embargo aún no he comentado la importancia que otorgaba al montaje final de la película como manipulador de las imágenes y generador de ideas. Trataré de solventar esa ausencia con el post de hoy...
Eisenstein es uno de los grandes, no sólo por sus planteamientos teóricos sino también por sus hallazgos plásticos, aunque no fue demasiado prolífico (se conservan sólo 7 películas, y algunas de ellos incluso alteradas en tiempos de Stalin, que veía “peligrosas” las películas de Einsenstein: en “Octubre”, por ejemplo Stalin eliminó todas aquellas escenas en las que aparecía Troski, y además cambió el final).
En 1920 Eisenstein entró en la órbita de un movimiento de la Central Obrera, conocido como Proletkult (“cultura del proletariado”), además de conocer a los artistas vanguardistas. Escribe entonces su primer y decisivo artículo acerca del teatro: “El montaje de atracciones”: el Arte debe despertar una serie de emociones en el espectador.
Un aspecto interesante es la influencia japonesa que recibe Eisenstein. Por ejemplo, en la interpretación pide a sus actores que aprendan de los actores japoneses de teatro No y teatro Kabuki. Pero la cultura japonesa también le influye en su montaje a través de la escritura. Eisenstein se dio cuenta de que cada Kanji (pictograma de la escritura japonesa) puede aludir, de manera aislada, a una realidad completa. Pero a su vez, combinados entre si pueden dar lugar a otra significación, a otra realidad distinta. Y éste es el planteamiento que Eisenstein intenta llevar a su cine: de la unión de dos secuencias distintas, el espectador obtenga una tercera realidad. Y eso es lo que se denomina montaje de atracciones o montaje intelectual.
Por eso Eisenstein arremete contra el cine-ojo de Vertov , que al fin y al cabo, en la práctica sólo se limita a copiar la realidad. Eisenstein defiende el cine-puño, un cine que busca una respuesta activa por parte del espectador, que se involucra en lo que está contemplando, y que su compromiso sea ese uso intencionado del choque de planos.
Como ejemplos, tan sólo hay que echar un vistazo a algunas secuencias de sus obras maestras:
- El acorazado Potempkin http://cineblog.blogia.com/2006/febrero.php#dia24
Con faldas y a lo loco. Billy Wilder, 1959

Dos músicos sin trabajo son testigos, por casualidad, de la célebre matanza entre gánsters el día de San Valentín. Ambos deben huir para evitar que la mafia “les silencie” y la única oportunidad que se les presenta es unirse a una banda femenina... para lo cual deberán disfrazarse de mujeres!
No fue fácil para Billy Wilder convencer a la productora que gánsters y comedia puede ser una mezcla rentable. Pero lo consiguió. Y el resultado fue una de las mejores comedias de todos los tiempos.
A pesar de las dificultades con Marilyn Monroe, que, perdida en su adicción al alcohol y las drogas, no era capaz de recordar sus frases (se necesitaron más de 40 tomas para que consiguiera decir correctamente algo tan sencillo como “Dónde está el bourbon?”), el trío protagonista alcanza una altura insuperable.
¿Qué decir de Jack Lemmon? A él le corresponden los momentos más cómicos de esta película, con la que inició su fecunda relación con Wilder,. Está espléndido en la relación que mantiene con Joe E. Brown, ese ingenuo y encantador millonario; pero también cuando vive el sueño de cualquier hombre, verse rodeado de bellas mujeres, como una pesadilla (¿quién no se ha reído con la escena en la que Lemmon, tumbado sobre su litera del tren y rodeado de chicas en ropa interior, se repite a si mismo una y otra vez: “Soy una chica, soy una chica...”?). Lemmon y Curtis interpretan a dos víctimas involuntarias no sólo el universo femenino, sino también el proceder del hombre frente a éste.
Delirante de principio a fin, Con faldas y a lo loco tiene unos excelentes diálogos que en su época fueron poco menos que escandalosos. La película posee un ritmo endiablado, que provoca continuas carcajadas del espectador; de hecho Wilder dotó al guión de “descansos” para que las carcajadas no impidiesen seguir el hilo de los diálogos. Por ejemplo, cuando Jack Lemmon anuncia, exultante y sin parar de tocar unas maracas, que se ha prometido con Oswood.
Y es que... nadie es perfecto! ;-)

