Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2006.
La fiera de mi niña. Howard Hawks, 1938

La más representativa entre las "screwball comedies" y, seguramente, la mejor. Es disparatada, trepidante y enloquecida, pero sobre todo es divertida.
David Huxley es un paleontólogo tímido y despistado que está a punto de acabar la laboriosa reconstrucción del esqueleto de un brontosaurio, y que también está a punto de casarse con su anodina secretaria. Todo se tuerce cuando conoce a Susan Vance, una joven adinerada y caprichosa que hará lo posible para que no culmine ninguno de sus dos proyectos. A partir de este momento, Susan se dedicará a manipular a Huxley con su particular estilo, e incluso le embauca para cuidar a un joven leopardo llamado "baby".
Con un desternillante guión de equívocos y vueltas de tuerca que rozan el surrealismo, La fiera de mi niña (Bringing up baby) logra transformar las situaciones más cotidianas en un complicado y divertido juego de sentimientos, culminando de la manera más entrañable posible. Además de contener diálogos inolvidables de un humor mordaz e inteligente, lanzados a una velocidad demoledora, las actuaciones son todas magníficas, destacando la maravillosa Katharine Hepburn, ganadora indiscutible de esta particular "guerra de sexos".
Howard Hawks demuestra una vez más que era un maestro en cualquier género que tocara.
Con la muerte en los talones. Alfred Hitchcock, 1959

Un ejecutivo del mundo de la publicidad, Roger O. Thornhill, es confundido a causa de un malentendido con un agente del gobierno llamado George Kaplan por una organización de espionaje. Secuestrado por tres individuos y llevado a una mansión en la que es interrogado, consigue huir antes de que le maten. Cuando al día siguiente regresa acompañado de la policía, no hay rastro de las personas que había descrito.
Con la muerte en los talones (North by the West) es la última gran obra del maestro del suspense, Alfred Hitchcock. Como ya sucedía en otros títulos del director británico, el personaje principal (Cary Grant) se ve mezclado en una intriga de tintes político-militares perfectamente llevada, desde la excelente presentación de los personajes hasta el no menos meritorio desarrollo de la trama. En este sentido, el guión logra mantener una tensión increscendo con constantes giros que culminaran en un final tan sorprendente como espectacular, a pesar de que resulta un poco apresurado.
A destacar también la elección de los exteriores y, sobre todo, la fantástica fotografía, debida a Robert Burks, que permite crear un ambiente de sordidez muy a tono con la historia.
Clint Eastwood

Aqui os dejo la dirección de la web oficial de uno de los más grandes, mi adorado y nunca suficientemente ponderado Clint
. La página por cierto es muy completita... no os perdáis la sección de fotos!
http://www.clinteastwood.net/welcome.html
Dale Clint!
Las tres edades. Buster Keaton, 1923

En este largometraje, el genial Buster Keaton hace una parodia de "Intolerancia", la película de D.W. Griffith recientemente comentada en este blog, al tiempo que muestra sus dotes dramáticas y cómicas mientras compite con Wallace Beery por conseguir el amor de Margaret Leahy en tres épocas diferentes: la prehistoria, la antigua Roma y la (entonces) edad moderna: los dorados años veinte.
En todas ellas el planteamiento es el mismo: el triunfo del amor y del ingenio de Buster Keaton sobre la brutalidad, el poder y el dinero respectivamente. El inicial acercamiento a la prehistoria es engañoso, pues es la edad menos inspirada (aunque hay gags destacados, como la escena en la que Keaton juega al golf con el garrote). Sin embargo, se recuerdan mucho más los anacronismos cómicos de la edad romana (la manicura al león; la carrera cuadriga contra trineo; y todos esos paralelismos entre objetos modernos y romanos: reloj de pulsera que es de sol, la cuadriga con matrícula, etc.) y de la moderna.
Como ocurrió con “Intolerancia”, el propósito de “Las tres edades” era demostrar que a lo largo de la historia de la humanidad solo hay una cosa que no cambia, el amor, pero también incluye agudas observaciones sobre los nuevos tiempos, algunas de las cuales pueden ser aplicadas a nuestro mundo actual.
Si bien en algunos momentos los gags visuales pueden parecer “aislados” del guión, es una película para no perdérsela.
¿Victor o Victoria?. Blake Edwards, 1982

En el París de los años 30, una joven cantante llamada Victoria, arruinada y sin perspectivas de trabajo, decide darse un gran banquete para después irse sin pagar del restaurante. Allí conoce a Toddy, un homosexual que le ofrece hospitalidad y que tiene la brillante idea de convertir a la artista en “Víctor”, un supuesto aristócrata travesti. Con este engaño, Victoria – Victor obtendrá un enorme éxito en los cabarets parisinos y provocará un dilema moral a un acaudalado norteamericano.
Película de enredo que disfruta con unas buenas interpretaciones entre las que cabe destacar la del "secundario" Robert Preston. La mordacidad de los diálogos y un guión inteligente bien ejecutado por Edwards ya eran de por si una buena base. La música acaba de vestir la película y la deja a punto para disfrutar...
Vale la pena verla.
En bandeja de plata. Billy Wilder, 1966

Harry Hinkle (Jack Lemmon) es un cámara de una cadena de TV norteamericana que resulta noqueado accidentalmente por un futbolista durante un partido que estaba retransmitiendo a pie de campo. Su cuñado Willie Gingrich (Walter Matthau), un abogado de pocos escrúpulos, le persuade para fingir mayores daños a causa del golpe de los que realmente sufre, y así cobrar un buen seguro. Harry, que en un principio es remiso, acepta cuando su convalecencia en el hospital le hace recobrar esperanzas de retomar la relación sentimental con su ex-esposa.
En bandeja de plata (The fortune cookie) es una genial muestra de picaresca, interpretada por los dos pícaros más entrañables del celuloide.
El gran Billy Wilder despliega todo su talento en una película tan agresiva como divertida, una inolvidable muestra de la capacidad del cineasta vienés para husmear en los entresijos de la realidad y desmenuzar sus miserias. Wilder envuelve al espectador en una delirante sucesión de secuencias que atacan a la doble moral americana y su culto al triunfo, y elabora una feroz crítica al individualismo.
Rashomon. Akira Kurosawa, 1950

Bajo las puertas de Rashomon, en la antigua Kioto, tres personajes (un sacerdote budista, un leñador y un peregrino) se refugian de una tormenta. Los tres discuten sobre el juicio al bandido Tajomaru, acusado de haber dado muerte a un señor feudal y de violar a su esposa. Los incidentes son narrados desde el punto de vista de Tajomaru, de la mujer, del asesinado (a través de una médium) y del leñador, único testigo de los hechos.
Kurosawa nos ofrece aquí una prodigiosa utilización de los flashback, pues las versiones de la historia serán siempre contradictorias y desde distintas posiciones emocionales.
Rashomon es una película con una carga moral muy acentuada. Inspirándose en un relato de Ryonusuke Akutagawa, Kurosawa se muestra buen conocedor del alma humana. Una pequeña mentira puede tener consecuencias devastadoras en la vida de un hombre, pues vivimos de acuerdo con lo que creemos verdadero y bueno. Pero descubrir la verdad puede ser muy difícil y doloroso. Y uno de los mayores obstáculos para descubrirla somos nosotros mismos, porque nuestras creencias, egoísmos y prejuicios alteran la percepción que tenemos de las cosas, cómo las vivimos y, sobre todo, como las recordamos.
Rashomon es una película que roza la perfección, con unos encuadres impresionantes, un ritmo vertiginoso y un acabado formal excelente. A destacar también las soberbias interpretaciones de Toshiro Mifune (impagable en su papel de Tajomaru) y Machiko Kyo.
Ganadora de León de Oro en el Festival de Cine de Venecia en 1951, esta obra maestra contribuyó decisivamente al reconocimiento internacional del cine japonés.
Una película descomunal, inagotable. Sobrepasa cualquier cosa que pueda decir sobre ella.

