El pianista. Roman Polanski, 2002

Wladyslaw Szpilman, un brillante pianista polaco y judío, escapa de la deportación tras la invasión de Polonia por las tropas alemanas al comienzo de la II Guerra Mundial. Obligado a vivir con su familia en el corazón del ghetto de Varsovia, comparte el sufrimiento, la humillación y los esfuerzos por sobrevivir.
Parecía que Spielberg había dicho la última palabra sobre el tema con la soberbia “La Lista de Schindler”, pero Polanski nos ha dado una sorpresa. “El pianista” es un proyecto muy personal, no en vano Polanski vivió en su infancia la pesadilla nazi. Así pues, la película sirve a Polanski para zanjar asuntos pendientes consigo mismo a través de la increíble pero verídica historia del pianista polaco Wladyslaw Spilzman (fallecido en el año 2000 a los 88 años).
Polanski se centra en la dramática antesala de los campos de exterminio (en una primera parte narrada con solvencia), para impulsar la película a su culmen con la desoladora y solitaria odisea del músico (muy bien interpretado por Adrien Brody). El director polaco consigue un admirable realismo en las escenas del guetto de Varsovia, pero sin caer en efectismos. E incluso, a pesar de la crudeza y del horror, la película incluye una escena llena de esperanza: la secuencia del piano ante la presencia del oficial alemán.
De factura y fotografía excelente, y una aparente sencillez narrativa impresionante, películas como ésta son imprescindibles, no sólo por su calidad intrínseca, sino porque nos acerca a lo que fue y nunca debería repetirse.

