Tópicos del cine americano

Hoy presentamos una pequeña lista de lugares comunes, tópicos y licencias cinematográficas, casi siempre inevitables y a veces hasta divertidas. Animamos a todos los lectores de este blog a participar, señalándonos los tópicos que se nos hayan escapado.
- Para empezar, en las películas “made in USA”, todos los teléfonos empiezan con 555. Esto tiene una explicación: no existen. Si dieran un número que pudiera ser real, es bastante posible que a su propietario le asediaran a llamadas preguntándole, por ejemplo, por Indiana Jones.
- Desde todas las casas de París, siempre se ve la Torre Eiffel. Al menos, si la casa la ha escogido Hollywood.
- Aunque no tiene escrúpulos para destripar humanos, el malo siempre tiene un mínimo código ético que le impide asesinar al gato.
- Si los zombis te persiguen, el coche en el que intentes huir no arrancará a tiempo.
- En una película de artes marciales, todo el mundo sabe kárate o kung-fu.
- El soldado que enseñe a los demás una foto de su novia, muere el primero.
- Si el protagonista pone la tele, lo hará justamente en el momento en que están hablando de él o dan una noticia que le afecta directamente.
- Los extranjeros siempre hablan en inglés en las películas de Hollywood. A veces, eso si, tienen un poco de acento. Incluso si un extraterrestre llega a la Tierra, también habla en inglés, ya que siempre aterrizan en Estados Unidos…
- Los cargadores siempre son infinitos. Muchos planos del protagonista recargando balas serían aburridos. Sólo se acaba la munición si esto propicia que aumente la tensión dramática, por ejemplo, en la escena final, cuando el bueno encuentra al asesino, y como no le puede disparar, tiene que intentar reducirlo a puñetazo limpio.
- Las puertas de casa (o del coche) nunca se cierran, ¿Para qué?
- El protagonista siempre encuentra hueco para aparcar en la entrada del sitio a donde tiene que ir. Sería bastante anticinematográfico que tuviera que dar vueltas por los alrededores durante 20 minutos, y después buscar un parquímetro. La vida real es tan aburrida…
JEAN-LUC GODARD

"La fotografía es verdad. Y el cine es verdad 24 veces por segundo".
Comenzó a trabajar realizando crítica para "Cahiers du Cinema", máximo organismo de la "nouvelle vague", mientras filmaba sus primeros cortos.
Cuando hablamos de su obra, tenemos que definirla en tres etapas:
1. Una manera clásica de filmar, influenciado por directores como John Ford, Fuller, y la novela policial americana.
2. Se vincula con su parte militante: Vertov, Gorin y Bertó.
3. Reflexiona sobre el lenguaje digital y televisivo, el montaje anárquico y el choque entre sonido e imágenes.
Su primer largometraje, Sin aliento, es contundente y está lleno de homenajes al mejor cine negro. Es la historia de un amor entre un evadido de la justicia y una americana pero también la historia de una traición.
Godard trasladó a la pantalla los asuntos más diversos: la fábula antibélica de Les carabiniers (1963); la corrupción de un escritor por la industria del cine, en Le mèpris (1963); la función de la mujer como objeto de consumo erótico, en Une femme mariée (1964); el futuro apocalíptico gobernado por un gigantesco ordenador, en Lemmy contra Alphaville, y la alienación de la sociedad de consumo fue puesta en la picota en Weekend (1968).
Las jornadas revolucionarias de mayo de 1968 aumentaron esta inflexión política y, Godard pasó al servicio de la ideología marxista leninista, realizando su producción al margen de las estructuras de la industria cinematográfica. Así nacieron Pravda o Vent d`Est (ambos de 1969). Godard revolucionó junto a sus compañeros de la "nouvelle vague" la forma de hacer cine, y también de mirarlo. Demostró a las generaciones siguientes un camino diferente hacia la industria cultural: realizaciones de bajo costo, hechas con equipos no sofisticados, distribuidas fuera del circuito convencional, etc.
Su interés por el reportaje y el documental llega a su culminación en Dos o tres cosas, sin duda el más ambicioso de todos sus intentos de crear un nuevo lenguaje para decir “la verdad”...
Medianoche en el jardín del bien y del mal. Clint Eastwood, 1998

El periodista Kelso (John Cusak) debe escribir un artículo sobre la prestigiosa fiesta de Navidad que cada año da Jim Williams (Kevin Spacey), un famoso y rico anticuario de Savannah. El trabajo de Kelso se complica cuando Jim es detenido y acusado del asesinato de su amante Billy, un individuo bastante violento. Kelso aprovechará para investigar sobre la vida de esta pareja y de esta peculiar ciudad sureña. Lo que en un principio iba a ser un mero artículo de sociedad se convertirá en un apasionante libro sobre el juicio.
Adaptación de la novela de John Berendt que, basándose en un hecho real, pasa revista al paisaje humano de Savannah, una de las localidades estadounidenses más peculiares. El guión de John Lee Hancock incorporó un personaje ficticio, el periodista, pero que resulta necesario para introducirnos en la trama y acompañarnos en nuestra asombrosa visita.
Y es que, a mi parecer, la verdadera protagonista de este film es la ciudad, una ciudad con personalidad propia, cuajada de supersticiones, magia negra y sabor popular, todo ello aderezado además por los increibles personajes que la pueblan. Como curiosidad, os diré que en el reparto también se encuentran Alison Eastwood (quien ya había colaborado fugazmente con su padre años atrás, en la película “En la cuerda floja”) y Lady Chablis, un afamado travesti local que se interpreta a si mismo.
Para mí el gran éxito de Eastwood en esta ocasión es que ha conseguido que cada espectador tenga su propia opinión de lo que realmente sucedió en aquella ciudad. A pesar de que nadie lo supo jamás...
Planta 4ª. Antonio Mercero, 2003

Un grupo de quinceañeros logran con su alegria desafiar al destino y hacer soportable su convalecencia en la planta de oncología de un hospital, descubriendo al mismo tiempo la importancia de la amistad. Pero, frente a las reafirmaciones colectivas, está la personalidad de cada uno, reaccionando ante su situación.
Lo que en principio era un guión prometedor, se trunca con rapidez, ya que los actores "patinan" constantemente (Juan José Ballesta debería plantearse cambiar de profesión porque la actuación no es lo suyo...), los personajes adultos son presentados de forma maniquea, los diálogos son a menudo lamentables, y la búsqueda de la lágrima fácil es tan, pero tan evidente, que se consigue el efecto contrario. Por otra parte, y esto ya es una aprecíación personal, da la impresión que se remiten a una serie de lugares comunes, sin documentarse adecuadamente sobre cómo es el funcionamiento real de un hospital.
Otra decepción del cine español...
Adiós a las armas. Frank Borzage, 1932

I Guerra Mundial. El teniente Frederick (Gary Cooper), un americano del cuerpo de ambulancias italiano, y Catherine (Helen Hayes), una enfermera británica, se convierten en infortunados amantes.
La película es un “clásico” de Hollywood ganadora de dos Oscars, una historia de amor a la antigua, de cómo dos jóvenes idealistas luchan por su amor a pesar del entorno nada favorable.
Personalmente, prefiero la versión (del mismo título) que rodó Vidor en 1957 con Rock Hudson y Jennifer Jones como protagonistas. Ambas versiones están basadas en la novela de Ernest Hemingway, pero la película de 1932 tiene un hilo argumental demasiado corto y simplificado, algunas escenas resultan demasiado ingenuas y sus intérpretes, aunque correctos, son en ocasiones fríos y distantes.
Quizá lo mejor sería que vieseis ambos largometrajes y decidierais vosotros mismos cuál os gusta más…
Planet 51

“Planet 51” es, a pesar de su nombre anglosajón, una película de animación española: la historia de un planeta alienígena poblado por seres verdes con antenas y ocho dedos. La calma en la que viven se deshace cuando ven aterrizar una curiosa nave con las siglas NASA estampadas en el fuselaje.
¿Existe realmente cine de animación en España? La respuesta inmediata parece ser que no. Los orígenes habían sido esperanzadores: Segundo de Chomón (a quién debemos la primera película en España, “Salida de misa en el Pilar de Zaragoza”, realizada a imitación de la “Salida de la fábrica” de los hermanos Lumière) realizó un par de cintas animadas de gran interés (“La casa de los duendes” y “El Hotel eléctrico”). En cambio, las generaciones posteriores a él no solían incluir en sus filmografías títulos de animación por muy diversos motivos.
Sin embargo, a finales de los noventa comenzó una “transición” animada que ha derivado en una cultura propia del cine de animación en España.
Independientemente de la técnica escogida, un denominador común de los largometrajes animados españoles es su temática clásica: Don Quijote de la Mancha (Cruz Delgado), Ahmed, príncipe de la Alambra (Juan Bautista Berasategi), El Cid (Filmax), Los Tres Reyes Magos (Animagic Studio), ElCano, la primera vuelta al mundo (Dubilitoon), Tristán e Isolda (Kinora) o Alí Baba (Manuel Rodjara).
Todas ellas, narraciones atemporales que logran las alabanzas de público adulto y crítica especializada. Pero no está tan claro que sean los títulos más solicitados por las nuevas generaciones de niños, a fin de cuentas principal fuente de ingresos de los animadores profesionales. Esto no quiere decir que la base narrativa de un cuento clásico no pueda resultar satisfactoria para una película de animación. Pero sí habrá que tener muy presente el punto de vista, el tratamiento y la forma con que se adapten.
De ahí la importancia de este nuevo largometraje, Planet 51, que está consiguiendo atraer la atención internacional hacia el sector de la animación español, que hierve con nuevas productoras para cine y televisión desde que El bosque encantado irrumpió en las taquillas en 2001 y revitalizó el interés por los dibujos animados.
Lo que el viento se llevó. Victor Fleming, 1939

Georgia, 1861. En la mansión sureña de Tara vive Scarlett O’Hara, la más bella, caprichosa y egoísta joven de la región. Ella suspira por el amor de Ashley, pero él está prometido con la dulce Melanie. En la última fiesta del verano, poco antes de que estalle la Guerra de Secesión, Scarlett conoce a Rhett Butler, un arrogante, egoísta y apuesto vividor, cuya intención, desde ese momento, es hacerse rico y conquistar el corazón de la hermosa Scarlett...
No tiene el apoyo unánime de los críticos ni del público. Y en cambio es una de las películas más míticas de la historia del cine. Nominada a 13 Oscar y ganadora de 8, a los que se añaden 2 honoríficos (por las innovaciones técnicas y por el novedoso uso del color), “Lo que el viento se llevó” es una película intensa y desproporcionada, deslumbrante y emotiva, triste y cruel.
El film suma drama, romance, aventura y guerra. Durante las 4 horas del metraje, se explica con fluidez y coherencia la evolución personal de Escarlata, motor de la historia, y se ofrece un retrato de la sociedad americana del XIX, si bien el prototipo femenino de Escarlata no corresponde al de la mujer de mediados del XIX, y menos aún al de la sociedad sudista de entonces, sino al nuevo tipo de mujer que emerge en el país en los años 30 a raíz de la Gran Depresión y halla en el cine acomodo y apoyo.
Se caracteriza por su orientación comercial, la impersonalidad de su estilo (participaron William C. Menzies, George Cukor, Sam Wood y Victor Fleming, que es el único acreditado, por lo que en realidad no lleva la huella personal de ningún realizador), la afición a la suntuosidad (impronta de Selznick), su sentido acrítico (los esclavos son felices) y su visión ingenua del Ku-Klux-Klan. De la guerra da una visión descarnada y trágica.
La novela original había sido un auténtico best-seller, así que la elección del papel de Scarlett para la adaptación al cine generó gran expectación y fueron muchas las actrices importantes que se ofrecieron. Sin embargo, Selznick estaba convencido de que "Scarlett" necesitaba a una actriz que aún no fuera conocida, y así es como después de un interminable y multitudinario casting (2 años y 1.400 candidatas) contrató los servicios de Vivien Leigh para el que sería el papel de su carrera.
En cambio, para el personaje de Rhett Butler no hubo ninguna duda: era el papel perfecto para Clark Gable. El aventurero curtido por la vida, fuerte y firme al final a pesar de su amor a la neurótica Scarlett… Por cierto, que ambos actores se detestaban, hasta el punto de que Gable ingería grandes cantidades de cebolla antes de las escenas donde tenía que besar a Leigh!
La música, de Max Steiner ofrece una soberbia partitura, de tonos melancólicos, románticos y dramáticos, de singular perfección. Destaca el “Tema de Tara”, que el tiempo ha convertido en un símbolo sonoro del cine. Añade fragmentos de composiciones militares (“Batle Hymn of the Republic”), tradicionales (“Yankee Doodle”, “Dixie’s Land”) y clásicas (“Coro de la boda de Loengrin”, Wagner).
El gabinete del Doctor Caligari. Robert Wiene, 1919

Hace tiempo hablamos del “Cine de Weimar”, una etapa de alto valor artístico en el cine mudo europeo, y comentamos algunas de sus obras, como “El gollem” o “Nosferatu, el vampiro”. Hoy vamos a hablar sobre la película más característica de este movimiento: El gabinete del doctor Caligari, largometraje que narra los crímenes cometidos a través de un médium (Césare) controlado durante los trances por un criminal (Caligari).
La primera idea de los guionistas, Janowitz y Mayer, fue realizar una metáfora de la situación política alemana, de tal forma que Cesare representaba al pueblo y Caligari al gobierno responsable y manipulador. Pero la inclusión de un prólogo y un epílogo convirtieron la cinta en sólo la pesadilla de un loco, que convierte a los compañeros del manicomio en protagonistas de un sueño retorcido y al director del sanatorio en un criminal. De esta forma la iluminación claroscurista (a veces incluso fingida a través de pintura) y las angulaciones tienen un sentido lógico como visión de un transtornado.
Y es que los decorados y los puntos de vista son uno de los puntos más destacados de esta película, incluso la interpretación de los actores se adapta a ellos y resulta desgarrada, antinatural, con movimientos siempre subordinados al decorado. Por ejemplo, Caligari siempre tiene una gran gesticulación mientras que Cesare muestra unos movimientos estilizados y con un maquillaje espectacular.
Ciertos críticos han comentado que es una película aún con demasiados elementos primitivos, empezando por esa subordinación al decorado. Pero ello es consecuencia precisamente del compromiso de este cine con la pintura expresionista alemana y su intento de cambiar la forma de entender el arte y sacudir las conciencias.
Entrevista con… Marlon Brando

Tal como prometimos, el post de hoy inaugura una nueva sección: “Entrevista con…” Y es que ceder la palabra a los propios protagonistas del cine puede ser muy interesante y enriquecedor.
Marlon Brando nunca tuvo una relación demasiado fluida con la prensa. Por eso, el libro que escribió Lawrence Grobel tras pasar varios días como invitado en Tetiaroa, la isla del actor, y que se tituló “Brando por sí mismo (Ma Non Troppo)”, resulta clave para entender a Brando. En este libro el mítico actor habla extensamente sobre cine (aquí os dejo una pequeña muestra)…
– ¿Le importa cuando la gente dice que no siempre da el 100% cuando interpreta?.
–Stella Adler, que era mi profesora, una mujer muy admirable, me contó una vez una historia sobre su padre Jacob P. Adler, un gran actor yiddish, que trajo consigo la gran tradición teatral europea. Él había dicho que si ibas al teatro y notabas un 100% de inspiración, mostraras 70. Y si ibas al teatro otra noche y notabas quizá un 50%, mostraras 30… Que siempre mostraras menos de lo que tienes.
–¿Como hice usted en “La condesa de Hong Kong”?
–No, intenté hacerlo, pero yo era un muñeco, una marioneta en esa película. No podía ser otra cosa, porque Chaplin es un hombre de gran talento, y yo no iba a discutir con él sobre lo que es divertido y lo que no. Debo decir que no empezamos muy bien. Llegué a Londres para la lectura del guión, y Chaplin nos lo leyó. Yo tenía jet lag, y en plena lectura, me puse a dormir enseguida. Eso fue horroroso. [Ríe.] A veces dormir es más importante que todo lo demás. Ese papel no era para mí. Chaplin no debería haber intentado dirigir la película; tendría que haber actuado él o dedicarse a escribir las memorias.
… pero también opina sin escrúpulos sobre un gran repertorio de temas. Por ejemplo, del arte:
- De algún modo, hemos sustituido el arte por la artesanía, y la artesanía por el ingenio. No hay artistas. Somos hombres de negocios. Somos comerciantes. No hay arte. Picasso fue el último a quien llamaría artista. Es cierto que si firmaba un cheque por menos de 75 dólares, valía más la pena vender el cheque por la firma que cobrarlo. Es un chiste muy bueno. Es de una inteligencia enorme. Es como una etiqueta de Gucci, la etiqueta Picasso.
… o también de la religión y la muerte:
- ¿Cree usted en Dios? ¿Es optimista respecto a la vida y el futuro?
- No se ha inventado nunca un sistema que funcione: la religión no lo consigue, ni la filosofía, ni la ética, ni los sistemas económicos. Ninguno de los sistemas con referencia a los problemas humanos ha funcionado jamás. Aunque vivir una vida de desesperación, no es posible. He escuchado los pros y los contras. He escuchado a científicos decir que no sabemos bastante, que el ciclo de la vida en la Tierra tiene un equilibrio tan delicado que, si todavía no lo hemos mandado al garete, desde luego, trascenderemos nuestras naturalezas. ¿Quién sabe?
–¿Quiere decir que no tiene una solución?
–No tengo una solución para la muerte.
–¿Y qué me dice de envejecer? ¿Cómo ha envejecido usted?
–Bastante bien. Cuanto más viejo, me he sentido más feliz. Más contento.
Como curiosidad final, dejo aquí el enlace a una entrevista que le realizaron en 1953 y que incluía un peculiar número musical:
Un toque de canela. Tassos Boulmetis, 2003

La película explica una historia básicamente autobiográfica. Narra la peripecia vital del protagonista, Fanis, profesor griego de astrofísica, que tras años de ausencia regresa a su Estambul natal para visitar a su abuelo enfermo, evocar su amistad de infancia con una niña y revivir el placer de estar en la ciudad más bella del mundo. En ese periodo, el protagonista (George Corraface, conocido en España por protagonizar “La Pasión Turca”) rememora, en forma de flash back, las enseñanzas que recibió de su abuelo sobre geografía, astronomía y, sobre todo, su peculiar filosofía de vida a través de la cocina (para no perderse la metáfora de la canela y las albóndigas). Entre sus recuerdos afloran referencias dramáticas, que son tratadas sin rencor y sin pasión, como la deportación de griegos de Turquía en 1955, la consiguiente experiencia de exilio de su familia ("tratada como griega en Turquía y como turca en Grecia"), el golpe militar de 1967 en Grecia, la invasión turca de Chipre en 1975 y el reiterado odio entre griegos y turcos, que él no siente y no comprende.
La fotografía se esfuerza por ofrecer imágenes de notable belleza visual, como evidencia el largo travelling inicial sobre los tejados de Estambul. La música aúna melodías griegas y turcas que le confieren una vibración especial.
En resumen, un film alrededor de la comida que combina con gusto los sentimientos y las "especias" adecuadas para satisfacer el mayor número de corazones y paladares, consiguiendo un gran éxito de público, el favor de la crítica y la nominación por parte de Grecia para representar al país heleno en los Oscar.
Y atención, porque el próximo miércoles estrenamos nueva sección...¿Cuál creeis que será?

