El Señor de los anillos: la comunidad del anillo. Peter Jackson, 2001

Lo primero que pensé cuando un director tuvo el valor para llevar la magnífica novela de J.R.R.Tolkien a la pantalla fue que no conseguiría transportar toda la magia del libro... Debo decir que en gran parte me equivoqué: la esperada adaptación cinematográfica no defraudó a casi nadie. Jackson y su equipo consiguieron lo más difícil: ambientar de forma brillante un mundo fantástico que cada lector teníamos perfectamente construido en nuestra imaginación.
Un comienzo absorbente, con una buena definición de la mitología tolkiniana. Casi todos los actores fueron muy bien escogidos y se adaptan magníficamente a su personaje; la Comunidad está excelentemente caracterizada, pero destaca ante todo Ian McKellen con su soberbia interpretación de Gandalf.
El vestuario, el maquillaje y la fotografía son maravillosos; cada detalle fue cuidadosamente calculado para estar a la altura de las expectativas. Y, sobre todo, unos bellísimos escenarios: Nueva Zelanda ya es la Tierra Media.
A pesar de ser una magnífica adaptación, se pueden hacer algunas objeciones… Uno de los logros de Jackson fue convencer a los productores para mantener el formato de trilogía, pero de todas formas se hizo necesario recortar algunas partes. Así, la película se mantiene bastante fiel al libro, aunque obvia algunas escenas interesantes (por ejemplo, el encuentro con Tom Bombadil). Otro punto en su contra son algunos efectos especiales demasiado espectaculares.
En cualquier caso, no nos podemos abstraer de lo que significa esta película dentro del género aventuras y fantasía. La película es una epopeya que atrapa al espectador y le contagia cada sentimiento que transmite: valor, coraje, solidaridad, compañerismo, aventura, amor...
Mogambo. John Ford, 1953

Victor Marswell (Clark Gable) es un cazador profesional que, durante el transcurso de un safari en África, se ve dividido entre el amor de dos mujeres muy diferentes: una joven y elegante mujer casada (Grace Kelly) y una apasionada morena de turbio pasado (Ava Gardner).
Todo un clásico del cine de aventuras que, en realidad, es el remake de "Red Dust", largometraje dirigido en 1932 por Victor Fleming y que ya entonces contó con Clark Gable como protagonista. La principal diferencia es que aquella primera versión estaba ambientada en Indochina. El cambio de escenario se debe a una cuestión comercial: a principios de los 50 las películas ambientadas en África estaban en pleno auge (“Las minas del rey Salomón”, etc.). Mogambo se rodó en parajes naturales, resultando una impresionante labor de fotografía.
Destacan las actuaciones femeninas (incluso la de Grace Kelly, que aquí demuestra ser algo más que una muñeca de porcelana), ambas perfectas en sus distintos roles. Paradójicamente, Ford había escogido en primer lugar a la pelirroja irlandesa Maureen O’Hara, pero en el último momento Ava se hizo con el papel y lo bordó, la propia actriz reconoció más tarde que fue la película de su vida. Clark Gable, correcto como siempre, aquí se limita a disfrutar de su papel de casanova.
Como curiosidad, un apunte cómico-histórico: en España se estrenó en pleno franquismo, con lo que ello significaba: la censura española alteró el doblaje para ocultar el adulterio que Clark Gable intentaba cometer con Grace Kelly. Pero a los avispados censores no se le ocurrió mejor solución que convertir a los personajes de Grace Kelly y Donald Sinden (marido y mujer en la pantalla) en… ¡hermanos!, con lo cual el adulterio se convertía en un morboso incesto!
Una noche en Casablanca. Archie Mayo, 1946

Parodiando al "Casablanca" de Humphrey Bogart, los hermanos Marx se enfrascan en una de sus surrealistas aventuras, aquí salvando un tesoro escondido en un hotel del que los nazis quieren apropiarse y donde ser nombrado director significa ser sentenciado a muerte.
Lo mejor, como siempre, el humor corrosivo de las frases de Groucho Marx, además de varios sketchs divertidísimos, como el del equipaje o el de la pista de baile (éste último, por cierto, un remake del camarote de “Una noche en la ópera”).
Humor delirante, absurdo, inteligente, pero que no está a la altura de sus obras maestras (“Sopa de Ganso”, “Un día en las carreras”, etc.); en parte debido a la situación personal de los Marx, que llevaban 5 años apartados del celuloide, y en parte a la escasa experiencia en el terreno de la comedia de su director. Para quien no sea, aún, fan de los Marx, recomendaría empezar por alguna otra de las películas anteriormente citadas.
Tres vidas errantes. Fred Zinnermann, 1960

Australia, 1920. Una familia de origen irlandés, formada por Paddy Carmody (Robert Mitchum), su esposa Ida (Deborah Kerr) y el hijo adolescente de ambos, Sean (Michael Anderson Jr.), sobrevive aceptando los trabajos ocasionales que se les ofrecen hoy aquí y mañana allá. La falta de medios y de trabajo estable no les permite establecerse en un lugar en el que echar raíces, como les gustaría.
La cinta adapta la novela "Sundowners” del australiano Jon Cleary. La obra propone una reflexión sobre las relaciones familiares en situaciones extremas de fatiga y adversidad. Es interesante ver cómo se distribuyen las tareas entre hombre y mujer, cuáles son los roles que asumen, y en qué medida es artificiosa la división convencional entre lo masculino y lo femenino. La obra se erige en elegía de la libertad, la familia y la grandeza del trabajo. El toque de humor lo pone el personaje de Rupert Venneker (magnífico, como siempre, Peter Ustinov), aventurero de larga trayectoria, ocurrente, avispado y socarrón.
La fotografía, de Jack Hildyard, se recrea en espacios amplios y abiertos, como corresponde al continente australiano, aportando trascendencia al relato. La música, de Dimitri Tiomkin, solemne y exhuberante, da a la película unos ribetes épicos de los que en realidad carece.
Entretenida, sin más.
El hombre de las pistolas de oro. Edward Dmytryk, 1959

En el pequeño pueblo ganadero de Warlock viven bajo la amenaza constante de una banda de forajidos. Para intentar resolver el problema, los ciudadanos eligen como sheriff a Clay Blaisdell (Henry Fonda), un célebre pistolero profesional que siempre viaja con un matón llamado Tom Morgan (Anthony Quinn). De forma paralela, un antiguo miembro de la banda, Johnny Gannon (Richard Widmark), ha sido nombrado sheriff adjunto, lo que le enfrentará a Clay.
Con una trama en principio bastante predecible, basada en el relato de Oakley Hall, es una historia de venganzas, conflictos de poder y antiguos rencores, con un sorprendente desenlace final. Lo más interesante de la película es la amistad entre Clay Blaisdell y Tom Morgan, y su evolución hasta el trágico desenlace en la mesa de juego del French Palace, donde Clay da un discurso marcado por el dolor; unas impresionantes palabras donde el personaje parece hablar por el propio director para cargar contra la hipocresía de la sociedad (Edward Dmytryck fue víctima de la famosa “caza de brujas” contra miembros y simpatizantes del partido comunista americano).
La ola. Dennis Gansel, 2008

California, 1967. El profesor Ron Jones no supo que responder ante la pregunta de uno de sus alumnos: ¿Cómo es posible que el pueblo alemán alegue ignorancia a la masacre del pueblo judío? Jones decidió hacer un experimento con sus alumnos: instituyó un régimen de extrema disciplina en su clase, restringiéndoles sus libertades y haciéndoles formar en unidad. El nombre de este movimiento fue The Third Wave. Ante el asombro del profesor, los alumnos se entusiamaron hasta tal punto que a los pocos días empezaron a espiarse unos a otros y a acosar a los que no querían unirse a su grupo. Al quinto día Ron Jones se vio obligado a acabar con el experimento antes de que llegara más lejos. El director Dennis Gansel ha trasladado esta experiencia real a un instituto alemán de nuestros días. El resultado es “la ola”.
El mayos lastre de la taquillera película de Gansel es que es tremendamente tramposa en su desarrollo. La gran velocidad con la que los alumnos (demasiado estereotipados, por cierto) se vuelven fanáticos de ‘La ola’ supone un serio problema de verosimilitud. El director intenta, sin conseguirlo, hacer creer al público en tan sólo dos o tres escenas que la enorme transformación de los personajes es posible gracias a los problemas personales de cada uno y de la necesidad de los jóvenes de sentirse protegidos dentro de un grupo. Gansel tampoco termina de hacer creíble que el profesor Wenger se sienta cómodo ejerciendo de líder por cuestiones de autoestima. Si el guión no hubiera fallado en esos dos aspectos (que son básicos), el resultado sería más sólido y convincente.
Además, el guión resulta demasiado previsible conforme avanza la trama, hasta culminar en un final muy trillado. Por si esto fuera poco, ni las actuaciones ni los aspectos técnicos resultan reseñables.
Aún así, incómoda de ver a ratos pero muy reveladora otros, "La Ola" supone un interesante acercamiento a un tipo de cinematografía en boga hoy día, que pretende hacer pensar al gran público. Lo que este filme intenta transmitir es la facilidad con que puede germinar el totalitarismo en una sociedad que, por sus circunstancias, es carne de cañón para el resurgir de dicho fenómeno. Para los alemanes de los años 30 los problemas eran la crisis económica y política, el desempleo, la inflación y sus consecuencias.
La pregunta es: ¿Podría repetirse una situación tan extrema en nuestra actual Europa?...
Greta Garbo

Hoy hablaremos de uno de los mitos por excelencia de Hollywood. La actriz que sucumbió a su propia leyenda y se negó a envejecer delante de las cámaras.
Hoy día ya nadie se plantea si los guiones que le ofrecían podían sacar partido de su talento interpretativo o si los directores que trabajaron con ella fueron los más adecuados. Greta Garbo, “La Divina”, encarnó mejor que ninguna otra, la belleza, el misterio y el glamour del cine.
Nacida en Estocolmo en 1905, Greta Lovisa Gustafsson comenzó sus pinitos en la industria cinematográfica local haciendo anuncios y como extra en cortometrajes. Pronto el mejor director sueco del momento, Mauritz Stiller, se fijaría en ella y la convertiría en la protagonista femenina de su principal película, “La saga de Gösta Berling” (1924). El siguiente paso fue EEUU, donde triunfaría desde su primer film y se convertiría en una estrella, gracias a películas como “Anna Karenina” (de la que rodaría dos versiones: una muda y otra, años más tarde, hablada).
La década de los 30 supone su época de mayor esplendor, rodando una serie de filmes dramáticos en los que solía encarnar a mujeres misteriosas, de fuerte carácter y tormentoso pasado, como “Anna Christie”, “Mata Hari”, “la reina Cristina de Suecia” o “Margarita Gautier” (la adaptación de la novela de Dumas “La dama de las camelias”).
A pesar de su pequeña participación en ella, hemos de destacar “Grand Hotel”, una cinta dirigida por Edmund Goulding en 1932, pues por primera vez se utilizaba la formula de reunir a varias estrellas en la misma película a través de un argumento coral que permitiera el lucimiento de todas ellas.
Considerada el rostro más perfecto del celuloide, que William Daniels, su director de fotografía, sabía destacar gracias a una cuidada iluminación, Garbo tenía una voz profunda y ronca que se convertía en otra de sus señas de identidad una vez que los productores se atrevieron a hacerla hablar en pantalla. Dada su buena acogida, la comedia “Ninotchcka” (rodada en 1939 por Ernst Lubitsch), fue publicitada con un rotundo “¡Garbo ríe!”.
Ninotchcka fue su último gran triunfo. En la cúspide de su popularidad, con sólo 36 años, Garbo se retiró de la vida pública con la frase “Quiero estar sola”. Vivió el resto de su vida en Nueva York, pero evitando cualquier contacto con los medios. Fue nominada al Oscar como mejor actriz en varias ocasiones, aunque nunca lo consiguió, y cuando la Academia quiso otorgarle uno honorífico en 1954, ya era demasiado tarde: Garbo lo rechazó. Murió en 1990.
Some like it hot. Billy Wilder, 1957

[Some Like It Hot] is known nowadays being a film that has people bursting out with laughter and then being told by their companions to shut up so they can hear the next line.
Wilder remembered a silly German film (“Fanfaren der Liebe”, 1951) in which two guys who want to work as musicians can’t get a job in a male band, dress up as women, and join a girl’s band. The film had done no business at all but it had stuck in his head somehow. But there are some changes in Wilder’s version. The film starts like a gangster film.The film was deliberately constructed so that the first few minutes the audience would be saying, "What is this? Why’s it called Some Like It Hot? It sounds playful when it’s not looking playful at all." But then there a few laugh moments, when you discover what’s in the hearse.
Talking about the mixture of genres going on this movie, it’s important to remember David O. Selznick’s reaction: "Billy, you can’t do that." Wilder cocked an eyebrow and took it as a provocation. He said, "I can’t do it, Mr. Selznick? I can’t do it?” "You have to understand. You can frighten the life out of Americans and you can give them a very good, funny time; but, be careful about confusing the two."
And what about the cast? Jack Lemmon is probably the person people most associate with the film and it’s the most outrageous performance. And them, it was Marilyn Monroe... Wilder had worked with Marilyn before on a film called “The Seven-Year Itch” and they had a terrible time. Marilyn needed 60-70 takes just to get the right line.
Another question I would ask about the film is the last line, one of the great last lines. Is it just a get-off? A way to end the film, in other words? The question is open... mind your word!
Gran Torino. Clint Eastwood, 2009

Walt Kowalski (Clint Eastwood) es un veterano de la guerra de Corea, trabajador jubilado del sector del automóvil. Su máxima pasión es cuidar de su más preciado tesoro: un coche Ford Gran Torino de 1972. Inflexible y con una voluntad de hierro, Walt vive en un mundo en perpetua evolución, pero las circunstancias harán que se vea obligado, por sus vecinos inmigrantes, a enfrentarse a sus antiguos prejuicios.
La última película de Eastwood en un principio puede resultar extraña, porque hay escenas que provocan la carcajada. Y para quien vaya a verla pensando en su protagonista como un tipo duro, puede desubicarle. Aunque a quienes somos seguidores acérrimos no nos sorprende tanto pues Clint ya explotó su veta cómica en cintas como “La leyenda de la ciudad sin nombre” (un musical), “Duro de pelar” (donde su “compañero” era un orangután) o “Cadillac rosa”.
Volviendo a Gran Torino, y aunque admito que no está a la altura de algunas de sus joyas (estoy pensando en la soberbia “Million Dollar Baby, por ejemplo), es una buena película y sobre todo es absolutamente coherente con su trayectoria y las temáticas que elige como director: la vejez, el miedo a la soledad, el desarraigo familiar, las segundas oportunidades, la redención, el aprendizaje a lo largo de la vida, la relación maestro-alumno (o padre-hijo) y el perdón y la muerte (hay que ser muy valiente para tener la edad de Clint y hablar con esa tranquilidad).
Quizá algunos aspectos están basados en estereotipos (estoy pensando por ejemplo, en como presenta a la raza negra o los latinos) pero hay que entender que el guión se centraba en ese enfrentamiento con los fantasmas del pasado de un veterano de la guerra de Corea y por tanto a quien dedica tiempo y trabajo para mostrar esa evaluación es precisamente a los asiáticos. Un mejor tratamiento de las otras, si bien hubiera sido muy interesante, habría sido desviar la trama central de forma inútil. Por cierto, magnífica la joven protagonista. Habrá que seguirle la pista porque dará mucho que hablar en los próximos años.
Por otro lado, y aparte de un par de momentos “Harry el sucio” totales que hacen la delicia de cualquier “eastwoodista” ;-), el último tercio del largometraje muestra la mano magistral de Clint en todos los aspectos: la iluminación, la atención a los detalles, el mostrar los sentimientos sin necesidad de decir nada, tan sólo con un gesto, un gruñido o una mirada… y ese final, absolutamente sobrecogedor, el sacrificio total y generoso por alguien a quien apenas acaba de conocer pero a quienes ya quiere sin reservas. Amor. Con mayúsculas. Nada de tonterías de parejas. No. Amor. Dar TODO por quien realmente te importa. Lo que cuenta, al final, es lo que haces con tu tiempo para dedicárselo a los tuyos. Y los tuyos no tienen por qué ser de tu misma sangre (¿qué es en realidad familia? Que nos une? La familia viene impuesta, los amigos y compañeros de la vida los eliges tú.). Toda una lección de cómo dar sentido a tu vida.
Gracias, Clint.
La búsqueda de la objetividad de Vertov

Vertov, que había estudiado en el Instituto de Psiconeurología de Moscú, pretendía crear un sistema musical basado en los sonidos que se producían en el medio humano... Y así se dio cuenta de lo decisiva que era la noción de ritmo (musical y cinematográfico).
Escribe entonces un conjunto de artículos sobre el cine, con una serie de ideas repetidas de manera casi compulsiva:
1. Ataque directo al cine melodramático, que no es nada más que una narración inventada, que no conduce a nada, que son perjudiciales para la sociedad.
2. Defensa de un cine con imágenes trascendentales, en el que el director sea capaz de proyectar más allá de esas imágenes la manera de relacionarse las clases sociales. El cine como vía de comunicación de ideología.
Para ello el cine debe apoyarse no en la visión del ojo humano sino en la visión de la cámara, porque el ojo humano es imperfecto y parcial. Sin embargo la “cámara milagrosa”, puede ofrecer una visión global de todo, es omnipotente y omnisciente, a diferencia de la imperfección del ojo humano. Así que es la cámara la que debe filmar. El operador es un mero instrumento a su servicio. El realizador lo único que debe hacer es montar las imágenes filmadas por la cámara. Es decir, Vertov defiende la idea contraria al montaje de atracciones de Einsenstein.
Defiende un cine sin argumentos, sin actores, sin textos explicativos, sin ensayos, sin decorado, sin puesta en escena. Es lo que Vertov denomina Cine-ojo. Entre 1922 y 1925 Vertov realizó el Kino-pravda (cine-verdad), que son un conjunto de documentales y noticiarios. El Kino-pravda está en la base del “cinemà-veritè” francés.
Y en 1929 realiza su gran obra maestra, “El hombre de la cámara”, una película en la que la cámara se convierte en ese ser omnipotente, y que “narra” la historia de una joven cineasta que sale a la calle y comienza a rodar de forma improvisada. Cuando consigue proyectarla en un cine se nos muestra lo que ya hemos visto, es decir, es el cine dentro del cine.

