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Sol rojo. Terence Young, 1971

Sol rojo. Terence Young, 1971

El embajador de Japón acompañado de dos Samurais Kuroda y Namuro, se dirige a Washington en el Transcontinental Express para entregar al Presidente de los Estados Unidos un valioso obsequio de su Emperador: una valiosa y antigua katana. En el mismo tren viajan Link y “El Zurdo” con su banda de forajidos preparados para asaltar el vagón correo.

 

En pleno apogeo del spaghetti western, alguien tuvo una idea original y descabellada: si las películas de samuráis son al cine japonés lo que el western al cine norteamericano, ¿por qué no unir ambos géneros? A su favor se tenía el éxito precedente de “Los siete magníficos” (John Sturges, 1960) versión western de “Los siete samuráis” (Kurosawa, 1954), y “Por un puñado de dólares” (1964) en la que Sergio Leone había hecho lo propio con Yojimbo (Kurosawa, 1961).

 

Ambas películas japonesas habían sido interpretadas por Toshirô Mifune, que en Occidente era una de las poquísimas figuras reconocidas del cine oriental, de manera que la suya era una elección casi obligatoria. La ensalada pluricultural se completó con un “héroe” norteamericano (Charles Bronson), un “galán” francés (Alain Delon), una “belleza” sueca (Ursula Andress) y un director inglés (Terence Young, famoso por haber hecho las primeras películas de James Bond).

 

Y a pesar de lo que pudiera pensarse, la fórmula resultó. Young dirigió esta película con sobriedad clásica, alejada de la estilización delirante de la mayor parte de los spaghetti westerns del momento, gracias también a la excelente fotografía de Henri Alekan.

 

Obviamente, esta película no puede compararse con los western de John Ford o Howard Hawks, pero el montaje mantiene bien los momentos de tensión y acción propios del género y los diálogos no están mal. Además, la excusa argumental que justifica la presencia de Mifune está planteada de manera bastante verosímil.

 

Otro aspecto son las interpretaciones. El reparto, carismático como pocos en aquel momento, cumple con elegancia y sobriedad sus roles; el problema es que se trata de personajes demasiados estereotipados y eso resta fuerza a las actuaciones. Siendo sinceros, ninguno de los actores pasará a la historia del cine por esta película.

 

Un western atípico en muchos aspectos, pero bien construido y entretenido.

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