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Viaje a la luna. Méliès, 1902

Viaje a la luna. Méliès, 1902

El Club de Astrónomos ha diseñado un ambicioso proyecto para viajar a la luna. Gracias a un cañón, el cohete con los científicos sale a toda velocidad y llega a su destino. Después de una cuidada observación de la superficie, descubren que la luna está habitada por población hostil; los selenitas atrapan a los científicos y se disponen a ejecutarlos, pero éstos consiguen escapar y regresar al proyectil. A falta de un nuevo cañón que les impulse, lanzan el cohete por un barranco. Tras una peligrosa caída vertical por el espacio, el cohete llega al océano y los científicos son rescatados y recibidos entre aclamaciones. 

Georges Méliès, regente de un teatro de variedades, fue uno de los asistentes al estreno del cinematógrafo Lumière y a partir de ese momento decidió sustituir los espectáculos por proyecciones cinematográficas.  Un día, rodando en la plaza de la ópera de París, se atascó la máquina; tras parar el rodaje y solucionar el problema, continuó filmando pero, al revelar la cinta, observó que un autobús se “transformaba” de repente en una carroza fúnebre. Esto se convirtió en el paso de manivela. Gracias a este recurso, Méliès pudo filmar gags de magia como “Desaparición de una dama” (1896). 

Méliès creó así un universo fílmico propio, muy original, con un equilibrio perfecto entre lo fantástico y lo cómico, encadenando trucos imaginativos con un sentido ingenuo, fácil de conectar con el público popular.

 

Aunque todas sus películas mantienen la idea de teatro filmado con que había nacido el cine (es decir, uso de planos generales, luz natural, etc.), Méliès ofrece una cuidada ambientación, con sucesión de escenas y gran ritmo narrativo. Esta fórmula le reportaría éxito en todo el mundo.

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